Quien soy

Quién Soy

Una vida sanada para servir

Soy Max Ortiz, músico, cantor y predicador católico.
Mi vida cambió cuando experimenté profundamente la misericordia de Dios y comprendí que estaba llamado a servirle a través de la música.

Una historia marcada por la gracia

Soy Max Ortiz, músico, cantor y predicador católico.

Mi camino no comenzó propiamente en la música, sino en una experiencia profunda con Dios que transformó mi vida para siempre.

A finales de los años ochenta atravesé una situación delicada de salud que me llevó a enfrentar mis límites y buscar a Dios con una sinceridad nueva. En medio de ese tiempo difícil experimenté lo que solo puedo describir como una gracia inmensa: una sanación cerebral que cambió completamente mi historia.

Más que una mejoría física, fue un encuentro vivo con la misericordia del Señor, una certeza interior de que Él estaba actuando en mi vida y caminando conmigo.

Una promesa que marcó mi vida

Desde lo más profundo de mi corazón hice entonces una promesa sencilla pero total: si Dios me concedía la oportunidad de seguir adelante, dedicaría mi vida a servirle.

No sabía cómo ni dónde, pero comprendí que mi vida ya no podía vivirse solo para mí. Había sido alcanzado por su amor y la única respuesta posible era convertir la gratitud en servicio.

Con el paso del tiempo descubrí que la música sería el camino. Lo que antes era un gusto personal comenzó a adquirir un sentido completamente nuevo.

El canto dejó de ser solamente expresión artística y se convirtió en oración.
La guitarra dejó de ser solo un instrumento y se transformó en un puente para que otras personas pudieran encontrarse con Dios.

Poco a poco comencé a servir en parroquias, grupos y encuentros espirituales, y el Señor fue abriendo puertas para llevar este ministerio a más comunidades.

Amo al Señor, y mientras tenga voz, seguiré cantándole.

Más de tres décadas acompañando comunidades

A lo largo de casi cuarenta años he tenido la gracia de acompañar:

En cada uno de estos espacios he sido testigo de cómo Dios toca los corazones: personas que vuelven a la fe, familias que se reconcilian y almas que encuentran consuelo en la oración.